La regulación de la salida de socios: Cláusulas Good/Bad Leaver

La viabilidad de un proyecto emprendedor en sus fases iniciales depende, en muchos casos, de la cohesión y el compromiso de su equipo fundador. Si bien todos suelen empezar con buen pie, la presión del día a día, la falta de resultados o las diferencias estratégicas pueden hacer que uno de los socios decida, o se vea obligado a, abandonar el proyecto.

Cuando esto ocurre, la capacidad de la compañía para continuar operando con normalidad y mantener su atractivo ante inversores depende de la claridad de las reglas fijadas en el pacto de socios. Como ya explicamos en anteriores artículos, este documento privado es el pilar sobre el que se asienta la seguridad jurídica de la compañía. Y, dentro de él, la regulación de la salida de los fundadores es, sin duda, una de las más críticas.

Si un socio abandona la empresa en sus fases iniciales, pero retiene un porcentaje importante del capital, se genera un grave problema de capital muerto o dead equity. Ningún inversor querrá financiar una sociedad donde gran parte de los beneficios futuros irán a parar a alguien que ya no aporta valor ni trabajo diario. Para evitar este bloqueo, los inversores más cualificados suelen exigir mecanismos que obliguen al socio saliente a vender, si no todas, un gran porcentaje de sus participaciones. Por su parte, las consecuencias económicas de dicha venta dependerán exclusivamente del motivo de la salida.

Aquí es donde entra en juego la vital distinción entre una salida amistosa o justificada (Good Leaver) y una salida penalizada (Bad Leaver). Si la marcha se produce por una enfermedad grave, incapacidad, fallecimiento o incluso un despido declarado improcedente, el socio saliente suele conservar el derecho a vender sus participaciones a valor de mercado. Sin embargo, el verdadero conflicto legal surge cuando el fundador abandona la sociedad voluntariamente antes de cumplir su periodo de permanencia (conocido como lock-up), es despedido por un incumplimiento laboral grave o vulnera obligaciones esenciales, como el pacto de no competencia.

Las consecuencias de ser calificado como Bad Leaver pueden llegar a ser enormemente severas. Si bien en ocasiones se le pueden llegar a exigir responsabilidades económicas al socio saliente, la penalización habitual consiste en obligarle a vender sus participaciones al resto de fundadores o a la propia sociedad por su valor nominal o aplicando un descuento muy agresivo. En la práctica, esto significa que el fundador puede perder años de esfuerzo e inversión por una cantidad irrisoria de dinero.

El problema es que la frontera entre un Good Leaver y un Bad Leaver puede ser muy difusa si el contrato no se redacta con una precisión milimétrica. En Martín & Musicco Abogados siempre advertimos a los emprendedores que no deben aceptar las definiciones estándar impuestas en las rondas de inversión. Es imprescindible detallar qué supuestos exactos constituyen un incumplimiento y establecer mecanismos objetivos de valoración, garantizando que la salida de un socio salvaguarde el futuro de la empresa sin menoscabar de forma arbitraria la posición económica del socio.

 

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